Hube de buscar el cuarto, y éste fue un fraile de la Merced, que las mujercillas que digo me encaminaron; al cual ellas le llamaban pariente. Gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar, tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento.
Éste me dio los primeros zapatos que rompí en mi vida; mas no me duraron ocho días, ni yo pude con su trote durar más. Y por esto, y por otras cosillas que no digo, salí de él.
El tratado más breve de la obra. El autor apenas esboza al fraile de la Merced, mundano y andariego, y calla con malicia («otras cosillas que no digo»). Esa elipsis es en sí una crítica: lo que no se dice sugiere más de lo que se cuenta. Fíjate en la ironía del detalle de los zapatos.
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