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Tratado tercero — Lázaro y el escudero
El Lazarillo de Tormes · capítulo 3
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El Lazarillo de Tormes

Tratado tercero — Lázaro y el escudero

De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco, con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se me cerró la herida. Y mientras estuve malo, siempre me daban alguna limosna; mas después que estuve sano, todos me decían: «Tú, bellaco y gallofero eres. Busca, busca un buen amo a quien sirvas».

Y andando así discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio, topóme Dios con un escudero que iba por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden. Miróme, y yo a él, y díjome: «Mochacho, ¿buscas amo?». Yo le dije: «Sí, señor». «Pues vente tras mí —me respondió—, que Dios te ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy».

Seguíle, dando gracias a Dios por lo que le oí, y también que me parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester. Y con esto anduvimos hasta que dio las once. Entonces se entró en la iglesia mayor, y yo tras él, y muy devotamente le vi oír misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado y la gente ida. Entonces salimos de la iglesia.

Y con todo esto, no había en toda la casa una blanca de comer, ni lumbre, ni banco, ni mesa, ni el arca que en la del clérigo. Y así, íbamos por la calle, y él iba tan derecho y tan gentil, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o a lo menos camarero que le daba de vestir.

«Bendito seáis Vos, Señor —quedé yo diciendo—, que dais la enfermedad y ponéis el remedio. ¿Quién encontrara a este mi señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le cuenten por muy bien almorzado? Grandes secretos son, Señor, los que Vos hacéis y las gentes ignoran». Así, con este pobre amo, aprendí que la honra sin pan no llena el estómago, y que muchos son los que padecen por sostener lo que aparentan.

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Antes de leer

El tratado del escudero es el más famoso y el más humano. Aquí el amo no es cruel: es un hidalgo pobre obsesionado con la honra. Lázaro, que buscaba a alguien que lo alimentara, termina siendo él quien mantiene a su amo. Se invierte la relación: la crítica ya no es a la avaricia, sino a una sociedad de las apariencias, donde la honra vale más que el pan.

Vocabulario
escuderoHidalgo de bajo rango que servía a un señor; símbolo de nobleza empobrecida.
galloferoVagabundo, holgazán que pide limosna sin trabajar.
continenteCompostura, aire y manera de portarse una persona.
blancaMoneda de ínfimo valor; 'ni una blanca' = absolutamente nada.
Análisis

El escudero encarna la hidalguía sin sustento: viste bien, camina erguido, oye misa con devoción, pero no tiene «ni lumbre, ni banco, ni mesa». La ironía de Lázaro es tierna y demoledora a la vez: bendice a Dios porque su amo parece haber «bien cenado» cuando en realidad se muere de hambre.

El tema es la honra como máscara social. En la España del XVI, un hidalgo no podía trabajar sin perder su condición; prefería el hambre a la deshonra. El autor anónimo señala así una contradicción del sistema de valores: se premia la apariencia y se castiga la necesidad. Lázaro, el pícaro, resulta más honesto que el noble, porque al menos reconoce su hambre y busca remediarla.

Test · pregunta 1 de 3

¿Qué caracteriza al escudero como amo?

Producto esperado

La honra sin pan

Escribe un texto breve (150–200 palabras): ¿qué significa la frase «la honra sin pan no llena el estómago»? Relaciónala con el escudero y con alguna situación actual donde las apariencias pesen más que lo esencial. Incluye una cita del texto.

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