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Tratado quinto — El buldero
El Lazarillo de Tormes · capítulo 5
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El Lazarillo de Tormes

Tratado quinto — El buldero

En el quinto por mi ventura di, que fue un buldero, el más desenvuelto y desvergonzado, y el mayor echador de ellas que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso nadie vio; porque tenía y buscaba modos y maneras y muy sotiles invenciones.

Y como las bulas no se despachasen, hizo con el alguacil que aquella noche riñesen, y en la riña, delante de todos, el alguacil le llamó al buldero falsario, y las bulas que predicaba, falsas. Mas el buldero, muy sereno, se hincó de rodillas en el púlpito, y puestas las manos y mirando al cielo, dijo: «Señor, si verdad es lo que aquel hombre ha dicho, yo te suplico que él caiga aquí luego y no llegue a comer bocado; mas si es verdad lo que yo digo, castiga a este maldiciente».

Apenas hubo acabado su oración, cuando el negro alguacil cae de su estado, y da tan gran golpe en el suelo que toda la iglesia hizo resonar, y comenzó a bramar y echar espumajos por la boca, y a torcerla, y dar de pie y de mano, revolviéndose por aquel suelo a una parte y a otra. El estruendo y voces de la gente era tan grande, que no se oían unos a otros. Algunos estaban espantados y temerosos.

Y así, el buldero, muy devoto, subió al púlpito y comenzó a rogar a Dios por él, hasta que, poco a poco, el alguacil «volvió en sí», pidiendo perdón y confesando haber hablado por boca del demonio. La gente, movida, corrió a tomar bulas, de manera que casi ninguno en el lugar quedó sin ella. Yo, como mochacho, cándidamente lo creí, como otros muchos. Mas después, viendo la risa y burla que mi amo y el alguacil llevaban del negocio, conocí cómo había sido industriado por mi industrioso e inventivo amo. Y aunque era muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije entre mí: «¡Cuántas de éstas deben de hacer estos burladores entre la inocente gente!».

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Antes de leer

El buldero vendía bulas (documentos de la Iglesia que, por una limosna, concedían indulgencias). Este tratado narra un fraude montado: un falso milagro para asustar a los fieles y venderles bulas. Es la sátira religiosa más audaz de la obra. Nota que aquí Lázaro es testigo, no víctima: observa el engaño desde fuera y aprende cómo funciona la manipulación de la fe.

Vocabulario
bulderoEl que predicaba y vendía bulas de la Santa Cruzada.
bulaDocumento pontificio; aquí, el que se vendía como indulgencia por una limosna.
falsarioEl que falsifica o miente; estafador.
industriadoAmañado, preparado con maña; montado de antemano.
Análisis

El tratado denuncia el abuso comercial de la religión. El buldero y el alguacil fingen una riña y un castigo divino: el alguacil simula un ataque demoníaco, el buldero «reza» y lo «cura». El público, aterrado, compra bulas en masa. Es un teatro del fraude, ejecutado con frialdad profesional.

La clave está en el punto de vista: Lázaro «cándidamente lo creyó», como todos, hasta que ve reír a los cómplices. Su conclusión —«¡Cuántas de éstas deben de hacer estos burladores entre la inocente gente!»— generaliza la crítica: no es un caso aislado, es un sistema de engaño que explota la fe sencilla. El autor coloca al lector, junto a Lázaro, del lado de quien ve el truco.

Test · pregunta 1 de 3

¿En qué consiste el fraude del buldero?

Producto esperado

Anatomía de un engaño

Explica en 180–220 palabras cómo el buldero fabrica el falso milagro paso a paso y por qué funciona sobre la multitud. ¿Ves paralelos con engaños o ‘milagros’ de hoy (publicidad, estafas)? Cita el texto.

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