Despedido del capellán, asenté por hombre de justicia con un alguacil; mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso. Y así, buscando la manera de vivir descansada, quiso Dios alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa; y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real: el de pregonero, viendo que no hay nadie que medre sino los que le tienen.
En el cual el día de hoy vivo y resido a servicio de Dios y de Vuestra Merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en almonedas, y las cosas perdidas, y acompañar los que padecen persecuciones por justicia, y declarar a voces sus delitos: pregonero, hablando en buen romance.
Y visto por el señor arcipreste de San Salvador, mi señor, y servidor y amigo de Vuestra Merced, procuró casarme con una criada suya; y visto que de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé de lo hacer. Y así me casé con ella, y hasta agora no estoy arrepentido; porque, allende de ser buena hija y diligente servicial, tengo en mi señor arcipreste todo favor y ayuda.
Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso; antes, cuando alguno siento que quiere decir algo de ella, le atajo y le digo: «Mirá, si sois amigo, no me digáis cosa con que me pese, que no tengo por mi amigo al que me hace pesar». De esta manera no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa. Esto fue el mismo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes, y se hicieron grandes regocijos; pues en este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna.
El final. Lázaro consigue un «oficio real» (pregonero) y se casa con la criada del arcipreste. Alcanza «la cumbre de toda buena fortuna»… pero hay un secreto incómodo: todos murmuran que su mujer es también la amante del arcipreste, y Lázaro prefiere no oír, no saber, tener paz. Aquí se cierra la ironía de toda la obra: la «honra» que tanto vale es, al final, una honra comprada con el silencio.
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